jueves, 2 de octubre de 2014

3ª o de que los normales somos idiotas.

Esta novelaca ha sido la primera que ha conseguido que me identifique con tod@s sus personajes. Con l@s conservador@s, con l@s revolucionari@s, con l@s indecis@s, con l@s enamorad@s... con tod@s.

El "normal" se define.
Educar bien a mis hijos, procurar ser amable, defenderme, defender a los míos, ser un poco hijo de puta cuando así me lo exijan las circunstancias, no interferir en asuntos que estén fuera de mi radio de acción, pagar la menor cantidad posible de impuestos, disfrutar de la vida, evitar la crueldad gratuita. Son mis preceptos.
¿Cuántos normales hay? Levanten la mano sin miedo, sé que somos much@s. De eso trata esta novela. De lo normal, de lo cotidiano. De lo que pasa en nuestro país.

Luego están quienes se piensan especiales. Aquell@s que se enamoran como cualquiera; que sufren como los demás; que se equivocan, actúan y rectifican como tod@s; que se sienten muy valientes cuando no tienen nada que perder, como cualquier hij@ de vecin@... Al final resulta que tod@s nos parecemos más de lo que creemos. O es que acaso, tod@s l@s especiales no somos, como escribe Enrique:
"de esos que piensan que los normales somos estúpidos, que aceptamos los artículos de prensa como si fueran mapas, que nuestra vida es un paseo por el campo cogiendo margaritas y no hay grietas, temblores, no se nos hunde a veces el suelo bajo los pies."
Con la lectura, he de decir, que ya no me supe si especial o estúpida normal, Desde el principio me introduje en el pensamiento de cada quien que hablabla. Para mi tod@s l@s personajes eran yo. Este libro es de esos que llegan en el justo momento que tenían que llegar. Me hizo replantear mis preceptos, me sirvió de espejo y vi reflejado algo que no quería ser.

Ha sido todo un descubrimiento esta escritora, una mujer que aporta mucho a la construcción del imaginario de izquierdas. Imaginario que debiera cuidarse más, ya que como ella declaró:
"La construcción de los sueños no está del todo bien elaborada por los proyectos revolucionarios."
Puedo declararme una enamorada de este libro. Y en esta ocasión, desde luego, decir a boca llena que SOY LO QUE SUBRAYO EN MIS LIBROS.


* Belén Gopegui (2007) El padre de Blancanieves. Barcelona: Anagrama.
Regalo sorpresa de mi amiga Loreto en el verano de 2013.




Pd: Qué ganas tengo de que me lo dediques, Loreto.






miércoles, 1 de octubre de 2014

2ª o del wei wu wei

Mi gran amigo Agustín me acercó a las enseñanzas del TAO TE CHING. Desde aquella lectura soy gran admiradora de la filosofía oriental antigua.

En el prólogo de esta versión que leí en 2008, Stephen Mitchell empezó a tocarme la fibra con lo siguiente:
Un error muy común es malinterpretar su insistencia en 'no hacer nada' (traducción literal de wei wu wei), asimilando ese concepto a pasividad. Nada hay más lejos de la verdad. Un atleta puede entrar en un estado de conciencia coproral tal que el golpe apropiado o el movimiento correcto suceden por sí mismos, sin esfuerzo y sin interferencia de la voluntad consciente. Esto es un paradigma de la no-acción: la más pura y efectiva forma de acción.*
Me sentí muy identificada la primera vez que lo leí. ¿Cuántas cosas cotidianas 'no hacemos'? Paraos a pensarlo; hay muchas. Conducimos a lo wei wu wei, escribimos en nuestros móviles y ordenadores a lo wei wu wei, salimos y entramos de casa de esta manera; en mitad de la noche, cuando te levantas al baño, no-actúas; comes, respiras, pestañeas de forma pura y efectiva; tu corazón trabaja constantemente bajo esta premisa. Además, para mí, el ejemplo no pudo ser más acertado. ¿Practicas algún deporte, tocas algún instrumento? Esos gestos y movimientos interiorizados también son ejemplo del no-hacer nada.

'Nada se hace', ya que el actor se ha desvanecido totalmente en la acción; el combustible se ha transformado plenamente en llama. De hecho, esta 'nada' lo es todo. Esto es lo que sucede cuando confiamos en la inteligencia del universo, de la misma manera que el atleta o el bailarín confían en la inteligencia de su cuerpo. De ahí que Lao Tse ponga tanto énfasis en la suavidad. Este término significa lo opuesto a rigidez y evoca flexibilidad, adaptabilidad y perdurabilidad.*
Y de esta manera escribo yo aquí y ahora. Sin hacer nada, porque me sale. Sin pensar en las teclas que estoy pulsando. Y así espero seguir haciendo esto.

          *Lao Tse (2008) Tao Te Ching. Versión de Stephen Mitchell . Madrid: Alianza Editorial.
            Regalo de Agus. 2008.


Pd:  Cada vez es más superfluo forzar las cosas
    hasta que al fin se llega a la no-acción.
    Cuando nada se hace,

    nada queda por hacer.